DR.DOMINGO RAMIREZ GARCIA
DICIEMBRE DEL 2012
El siguiente texto es un producto reflexivo del segundo tema abordado en el taller de Reforma curricular en el marco del proceso de transformación de la educación normal, dirigido a docentes de este nivel educativo.
A lo largo de la historia de la pedagogía, la constante se ha dirigido a la búsqueda de estrategias y las mejores formas que permitan al estudiante lograr aprender de forma consciente y reflexiva, crítica y analítica; sin embargo, los resultados hasta hoy, por lo menos en la mayor parte de los estudiantes de nuestro país, no se ha logrado movilizar este tipo de ejercicio cognitivo; por ello se ha acudido casi desesperadamente a nuevos modelos pedagógicos que tiendan a favorecer este tipo de aprendizaje.
Me referiré entonces a un tipo de recurso personal que es elegido por el estudiante como una tabla de salvación, - el aprendizaje autónomo.
El aprendizaje autónomo es la manera de cómo el estudiante aprende y construye su conocimiento de forma voluntaria y personal. La idea es que aprenda por sí mismo, provocando que en la medida que resuelva tareas en el proceso de aprendizaje, reconozca cómo aprende y para qué aprende, de modo que conscientemente pueda ir adquiriendo y desarrollando saberes y habilidades que le permitan ser competente. Desde la perspectiva de Rué (2009) “las instituciones destinadas a la formación y el desarrollo del conocimiento, su reproducción y su generación, modificarán su organización, funcionamiento y formas de trabajo actuales”. Esto no implica que el profesor deje de enseñar, en definitivo; sin embargo, se colocará como un intermediario entre el conocimiento y el alumno, es decir, alguien con el suficiente carácter pedagógico que esté cerca de él para tutorarlo, acompañarlo y guiarlo, proponiendo y motivando permanentemente la búsqueda, selección y uso de información teórica y aquellas experiencias prácticas que lo construyan. Si bien es cierto que, aunque no es una nueva forma educativa para aprender, sí permite que se potencie intelectualmente al estudiante, y que requiere un rompimiento de paradigmas en el profesor sobre las concepciones que tiene de la enseñanza, y que se demuestran por las prácticas docentes que prevalecen actualmente, quizás una justificación sea a la manera de cómo fueron formados en la docencia.
En muchos centros educativos del país todavía hay vestigios de prácticas docentes tradicionales, que no dan paso al desarrollo de aprendizajes significativos, es decir, no se podido trasladar al estudiante a un modelo de aprendizaje que le permita aprender a aprender; lo anterior, conlleva a resultados que desde la intencionalidad del docente no aparecen como tal, ya que inicialmente se propone que el alumno aprenda; ante esta cuestión habría que interrogarse ¿Qué quiero que mi alumno aprenda?, lo que enseño ¿es de interés para él provocándole que desee aprenderlo? ¿Transmito conocimientos o propongo nuevos ambientes generadores de aprendizajes?.
Esta “nueva” forma de aprender a partir del aprendizaje autónomo, provoca muchas incertidumbres en la mayoría de los docentes del nivel básico, ya que aún continúan dirigiendo la enseñanza verticalmente, aunque también en algunos docentes del nivel superior, que aunque conscientemente valoran los alcances que se puede obtener, existe la resistencia para renovarse y apropiarse de la identidad que requiere la sociedad acerca del nuevo docente del siglo XXI. Como docentes cada día debemos comprometernos con la formación para hacer de ella un proceso dinámico, ágil, y exitoso.